Ese delito puede ser sancionado con penas de cárcel de entre uno y cinco años. Así pues, vemos en este episodio cotidiano el origen de lo que puede ser el encerramiento de pobres limosneros de aquí a un tiempo. El necesario que se tomen los medios de comunicación para azuzar la pena, relacionando además gorrillas con asesinos que matan si no le das la propina, los vecinos en sus quejas y movilizaciones que recogerán los medios y finalmente los representantes políticos que merced a ese puñado de votos que se disputan entre la vecindad, prometerán que enviarán al talego a estos indeseables que nos molestan con sus exigencias e intimidaciones y además corremos el riesgo de que nos den una estocada si nos resistimos a lo que esta compañera llama también "impuesto revolucionario".
22/1/09
LOS POBRES, TODOS A LA CÁRCEL
Ese delito puede ser sancionado con penas de cárcel de entre uno y cinco años. Así pues, vemos en este episodio cotidiano el origen de lo que puede ser el encerramiento de pobres limosneros de aquí a un tiempo. El necesario que se tomen los medios de comunicación para azuzar la pena, relacionando además gorrillas con asesinos que matan si no le das la propina, los vecinos en sus quejas y movilizaciones que recogerán los medios y finalmente los representantes políticos que merced a ese puñado de votos que se disputan entre la vecindad, prometerán que enviarán al talego a estos indeseables que nos molestan con sus exigencias e intimidaciones y además corremos el riesgo de que nos den una estocada si nos resistimos a lo que esta compañera llama también "impuesto revolucionario".
15/1/09
STRIPPER EN PICASSENT. LA DOBLE MORAL

14/1/09
REGLAMENTO SANCIONADOR EN EL CENTRO DE MENORES BAHIA DE CÁDIZ
TEXTO DE LA CARTA
Hola, somos dos menores del Centro Bahía de Cádiz. Le escribimos para decirle que este centro no es como dicen. La gente aquí nos quita el permiso por la cara y se creen que somos robot todo el día, mandándonos y si no haces lo que te dicen te quitan el permiso, por ejemplo por decir "picha" en la mesa nos sancionan con un "0" cero y perdemos el permiso.
Y no es un ejemplo es que sucedió con un menor de aquí. También quería decir que aquí tampoco te dejan tener tele en el chabolo, ni tu propia ropa y tampoco dejan tirar fotos y que en este centro solo hay una sala de visita para todos los menores y muchas veces nuestros familiares se quedan sin vernos porque no hay sitio y cada vez que lo hablamos nos dicen que nos esperemos al centro nuevo pero así llevan dos años.
Me gustaría para terminar que al leer la carta no diga nuestro nombre, solo el mote, porque si lo escuchan nos sancionan y bajamos de módulo.
Poesía
Porque me miráis como si fuera un bicho raro o viniera de otro planeta porque vaya entre civiles y tenga estas malditas pulseras, acaso no se habéis parado a pensar en mi madre llorando que me decía porque condenáis a mi hijo que no es ningún criminal, que solo es un diablillo que no quiere esta puta sociedad.
ENERO DE 2008. PUERTO DE SANTA MARÍA. CÁDIZ. ESPAÑA
13/1/09
GERVASIO SANCHEZ, POLíTICAMENTE CERTERO
Estimados miembros del jurado, señoras y señores:
Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.
Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.
No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.
Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.
Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.
Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.
Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.
Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.
Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.
Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.
Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.
Mayo 2008. Muchas gracias
foto: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo con su hija Alia /blog de G Sánchez:
12/1/09
LAS CÁRCELES, PARA LA HISTORIA
Nuestro hijo del futuro no llegará a entender cómo se encerraba a los seres humanos por no pagar una multa de tráfico, porque estaban enfermos y la cabeza no les regía bien, porque eran adictos a sustancias que los sacaba de un mundo que no les gustaba o no los trataba bien.
Nuestro descendiente no encontrará una explicación lógica para justificar que se recluyeran a inmigrantes que vendían colonias baratas a las puertas de los grandes almacenes y salían pitando para evitar la persecución de los policías jaleados por los accionistas de las tiendas.
Dentro de unos años, será difícil explicar como se retiraban los hijos de sus padres a niños traviesos, golfillos de barrio, fracasados de la escuela, chavales de la calle, aventureros de la noche, granujillas del trapicheo ...
Cuando pase el tiempo, los antropólogos buscarán las retorcidas razones por las que nosotros no supimos resolver los problemas comunes de manera civilizada y encarcelábamos a nuestros semejantes durante años, condenándolos al peor de los sufrimientos, a la peor de la venganza, a enterrar en vida a los desadaptados, a los disidentes, a los parias, a los desesperados, a los que no tuvieron oportunidades ni cariño.
Los estudiosos no darán crédito cuando lean en las hemerotecas que había quienes defendían esta industria del dolor porque generaba empleo y se dejaron de construir pisos que nadie podía comprar y la construcción que no podía parar se desvió a las afueras de las grandes ciudades para erigir grandes cárceles, enormes presidios donde ir almacenando a los excedentes. Aquellos seres humanos que la máquina rechazaba porque no eran productivos, y sí en cambio costosos, molestos, inservibles, inútiles, insobornables, irreductibles.
Los eruditos del pasado repasaron las proclamas del empleo que creaban los muros, miles de personas con un sueldo fijo para mantener el sistema y seguir amarrándolos al consumo que les reportaba el falso sueño del consumo, que vendían como bienestar infinito, cuando en realidad los encadenaba también a un jefe, a un banco o a una compañía telefónica por la que poder comunicar al semejante lo triste que era la vida sin libertad, ellos que firmaban créditos, esposados de por vida.
Cuando pasen unos años, las cárceles serán museos del horror y del padecimiento y en sus celdas se recreará virtualmente la desesperación de los cautivos, las lágrimas negras de la soledad, el silencio como potro de tortura, los gritos de la autoridad aporreando el alma de los cautivos, las heridas y moratones de la ausencia querida, las patadas del olvido, los puñetazos de la indiferencia, la picana de la cerradura, el ahogamiento gélido del barrote, el azote del tiempo denso y muerto, el apaleamiento de los años rotos ...
GAZA , UN INMENSO PENAL

Ellos deciden si tienen luz, si beben agua, si comen, si viven o mueren.
Las autoridades carcelarias han decidido infligir aún más sufrimiento a los presos palestinos al atacar a las fuerzas naciones unidas. Los observadores estiman que la catástrofe humanitaria es ya la realidad de ese inmenso penal, y que a los muertos de los bombardeos, le sucederán los muertos de la hambruna, de las epidemias...
Las lágrimas rojas de los niños y sus llantos aplacados por las palabras que pierden su sentido cuando el espanto recorre las calles y las casas devastadas por la represión contra la gente. Contra el pueblo sometido , contra esta población penitenciaria a la que castigan ferozmente cuando clama por la justicia.
Cada vez, se levantan más muros para encerrar a quienes no se someten, a los que desafían la ley impuesta a sangre y fuego. El mundo, poco a poco, se va convirtiendo en infinidad de macrocárceles donde se encierra a los sobrantes de cupo...
